
Hoy, 1 de diciembre de 2025, marca un antes y un después en el tablero de juego de la artesanía europea por la entrada en vigor delReglamento (UE) 2023/2411 (aunque llevamos tiempo hablando de él, ahora ya es una realidad tangible).
Si sigues la pista de 925lab desde que este proyecto comenzó a dar sus primeros pasos, recordarás que en 2016 ya abordé en este mismo blog si realmente merecía la pena meterse en el “jardín” de una Indicación Geográfica Protegida (IGP). Por aquel entonces, la respuesta era un “depende” con muchos matices. El sistema estaba fragmentado, la protección era desigual y la burocracia podía pesar más que los beneficios comerciales (si necesitas refrescar tu memoria, puedes hacerlo aquí: “Indicación geográfica protegida: ¿realmente merece la pena para el fabricante de joyería?”).
No obstante, la nueva regulación supone un punto de inflexión porque genera, al menos sobre el papel, un marco único y armonizado en toda la Unión Europea. Y esto, si tienes un negocio joyero con raíces profundas y saber hacer local, puede que te interese. Soy José Francisco Alfaya, impulsor de 925lab, y voy a compartir contigo mis impresiones sobre las oportunidades que se generan desde ya mismo.
¿Qué es exactamente una IGP y por qué volvemos a hablar de ello?
Para asegurarnos de que estamos en la misma página: una Indicación Geográfica Protegida (IGP) es, en esencia, un sello de garantía, que certifica que un producto posee una calidad, una reputación o una característica determinada que se debe esencialmente a su origen geográfico.
Hasta ahora esto era el “santo grial” de vinos y quesos (piensa en el Champán o el Parmigiano Reggiano). La joyería y la artesanía se habían quedado en un limbo legal, dependiendo de sellos locales que a menudo carecían de “dientes” legales fuera de sus fronteras, y la nueva regulación europea extiende esa misma protección de “primera división” a los productos artesanales e industriales.
Lo que cambia con el nuevo reglamento europeo
La clave de esta nueva etapa es la armonización. Se acabó el pelear registro por registro en cada país. Ahora jugamos con reglas unificadas:
- Protección legal en toda la UE: una vez registrada, tu IGP tiene validez en los 27 estados miembros. Esto es vital para luchar contra las falsificaciones y los productos “estilo…” o “inspiración…” que asolan el mercado.
- Un símbolo reconocible: la joyería podrá lucir, al fin, el logotipo oficial de la IGP de la Unión Europea (ese círculo azul y dorado que el consumidor ya asocia a calidad en alimentación).
- El registro de la EUIPO: la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea gestiona ahora un registro único digital. Si tu producto está ahí, la ley está de tu parte.
El impacto estratégico: más allá de la etiqueta
Ahora bien, vayamos a lo que realmente importa para tu cuenta de resultados. ¿De qué te sirve esto a ti, joyero de Córdoba, de Santiago de Compostela o de Toledo? Vamos a verlo.
1. La autenticidad como argumento de venta
El consumidor de hoy, saturado de producción masiva y deslocalizada, busca “verdad”. Una IGP no es solo un trámite administrativo; es storytelling certificado. Te permite decir: “Esta pieza no solo está hecha aquí, sino que no podría hacerse igual en ningún otro lugar”.
2. Blindaje contra la competencia desleal
¿Piezas importadas que usurpan el nombre de una región joyera española? Con la nueva normativa, las autoridades de vigilancia de mercado y aduanas disponen de herramientas mucho más potentes para actuar. Ya no es solo una cuestión de ética, es una infracción de propiedad intelectual al mismo nivel que falsificar una marca de lujo. Un extra de protección que siempre viene bien, creo yo.
3. Valor añadido y estrategia de fijación de precios
Nunca me cansaré de repetir que competir por precio es una carrera hacia el abismo. La IGP contribuye a que puedas en valor diferencial. El sello europeo justifica un posicionamiento de precio superior porque garantiza al cliente (sea un turista en tu tienda o un comprador online en Alemania) que está adquiriendo patrimonio cultural y savoir-faire auténtico.
¿Cómo aprovechar esta oportunidad?
Si tu zona o tu especialidad (pensemos en la joyería de Córdoba, la filigrana, el azabache, el damasquinado…) opta por este camino, mi consejo es que no lo veas como un trámite para cumplir el expediente:
- Intégralo en tu marketing: el logo de la IGP debe estar visible, sí, pero la narrativa del origen debe impregnar tu web, tus redes sociales y tu discurso de venta. Sin olvidar, como es natural, tus canales de distribución, tu estrategia de fijación de precios, etc.
- Educa a tu cliente: explícale que ese sello significa que está apoyando un ecosistema local y preservando una técnica que corre el riesgo de desaparecer.
- Une fuerzas: una IGP nace de la asociación. Por tanto, ha llegado el momento de dejar de ver al taller de al lado como un rival y empezar a verlo como un aliado para construir una “marca región” potente.
En conclusión…
La nueva regulación de las IGP para productos artesanales no es una varita mágica que venderá las joyas por ti, pero es una herramienta de diferenciación formidable que el sector joyero español lleva décadas esperando. En 2016 las dudas eran inevitables; en 2025, con un marco legal sólido y un mercado hambriento de autenticidad, creo que la balanza se inclina hacia la oportunidad. La pregunta ahora no es si merece la pena, sino quiénes serán los primeros en aprovecharlo para liderar el mercado.
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